El concepto de competencia y la educación como el
cuidado de sí mismo[1]
The concept of
competence and education as self
care
Recibido: 24 de
septiembre de 2012
Aceptado: 26 de
octubre de 2012
Resumen
El
concepto de competencia es esencial para entender las dinámicas educativas
actuales. Su importancia se deja ver no solo desde el punto de vista académico,
sino político y económico. En este trabajo se pretende analizar las principales
tendencias que permiten comprender este concepto. De la misma forma el
propósito es hacer una evaluación crítica de la manera como generalmente se le
entiende. Para esto se utilizará el
concepto de “cuidarse a sí mismo” que
se retoma de la filosofía de Michel Foucault. Al final, se pretende mostrar una
imagen de la educación que nos permite entenderla como el proceso por medio del
cual el individuo se encuentra a sí mismo.
Palabras clave
Competencia,
educación, cuidado de sí, pedagogía.
Abstract
The concept of competence is essential to understand
the current educational dynamics. Its importance it’s clear not only from the
academic standpoint, but also politically and economically. This paper analyzes
the main trends that allow us to understand this concept. Our aim also is to
evaluate the way it is generally understood. For this I use the concept of
"self-care" that I take from philosophy of Michel Foucault. In the
end, My aim is to show a picture of education that allows us to understand it
in this way: the process by which the individual finds himself.
Keywords
Competition, education, self-care, pedagogy.
Introducción
En la pedagogía y en la política
educativa actual el concepto de competencia es esencial. Podemos afirmar que es
desde este concepto que se organizan todos los otros dispositivos
institucionales y académicos propios de la actividad educativa. Así, comprender
este concepto es esencial para entender los diversos elementos en los que, como
maestros y administradores educativos, nos vemos inmersos a diario.
Sin embargo, el problema es que no hay
una definición de competencia que sea aceptada universalmente, y no es claro
igualmente el origen mismo del concepto. Es necesario después de todo que
nosotros partamos de al menos una descripción de lo que es “competencia”. Según
el paradigma chosmkyano (Ruiz,2004), la competencia se define como una
capacidad autónoma del individuo. Esta capacidad se expresa en la posibilidad
de creación y producción, actuación y transformación, que se manifiesta en el
intercambio social, en el contacto con las y los otros. El concepto de
competencia parece abordar la diferencia entre un conocimiento puramente
teórico, y un conocimiento que es aplicado en un contexto, por una persona y en
relación a una situación que puede involucrar a otros. La idea del sujeto que
realiza la acción entonces toma una posición crucial. El concepto de
competencia también hace alusión a una habilidad que puede ser utilizada en
diferentes contextos, y por tanto, que implica un elemento de creatividad y de adaptación
para afrontar situaciones imprevistas.
Ahora bien, en la medida que el
concepto de competencia es utilizado como una herramienta de definición y
referencia de procesos educativos institucionales es posible reconocer
diferentes perspectivas de análisis y de interpretación de este concepto más o
menos general.
Desde el punto de vista político y
económico la competencia es vista en términos principalmente (no únicamente)
como un “saber cómo”. Desde el punto de vista del conocimiento académico y disciplinar
es percibido principalmente como un “saber qué”. Desde el punto de vista de la
filosofía la competencia es vista como un tipo de “conocimiento de sí mismo”. Y
por último desde el punto de vista de de la actividad del maestro se ve como un
conocimiento reflexivo englobante. De estas
perspectivas la primera y la penúltima requieren tal vez un tratamiento más
detallado. Aquí trataremos la primera y dejaremos el apartado siguiente para la
tendencia filosófica.
El concepto de competencia y las dinámicas políticas y
económicas educativas.
Si analizamos el concepto de competencia a la luz de la tendencia
política y económica tenemos una perspectiva muy diferente de acercarnos a las
competencias. La descripción aquí se centra en los detalles pragmáticos del concepto
y hace énfasis en los resultados prácticos de un hacer en contexto. Esta forma
de abordar las competencias se centra en la eficacia práctica y económica de un
saber y por tanto se enmarca en un contexto económico y político que se
interesa por la productividad laboral y por las necesidades del mercado. Esta
perspectiva es importante en la medida que las políticas educativas, sobre todo
en Colombia, se centran en ella hasta el punto de transformar esta tendencia en
el modelo para juzgar las otras. Esto es así pues aquí estamos interesados en
la educación en un contexto político y económico globalizado, donde las
exigencias de los individuos son definidas a partir de criterios operativos.
Hasta qué punto las otras tendencias pueden servir de contrapeso a
esta tendencia es algo que deberemos analizar más adelante. Por el momento es
importante intentar comprender la manera como esta disposición se conecta
directamente con la política educativa de calidad, sobre todo en el caso
colombiano. Esto es importante pues la influencia del enfoque de las
competencias en educación es conectando de manera aún más estrecha que antes la
educación con el sector laboral (Ministerio de Educación Nacional, 2005). Hasta el punto que el sector laboral hace
presencia en las discusiones, análisis, revisiones y transformaciones de la
educación. Esta unidad de criterios entre el sector laboral y el educativo va
hasta el punto de reducir la definición de competencia al ámbito únicamente del
“saber hacer”. Así, la competencia se define como “un saber hacer
flexible que puede actualizarse en distintos contextos, es decir, como la
capacidad de usar los conocimientos en situaciones” (Ministerio de Educación Nacional, 2006). Esto
obviamente no implica una reducción total, se sigue teniendo en cuenta que este
saber hacer se encuentra contextualizado en unas consideraciones éticas,
sociales y políticas. Pero estos aspectos parecen reducir su importancia
teniendo en cuenta la definición ofrecida.
El propósito entonces es crear una especie de circuito de
retroalimentación que inicie con un currículo basado en las competencias, a
partir de allí pase a la creación de unos estándares básicos para su
evaluación, de allí a su evaluación efectiva, es decir basados en la evidencia
de si el sujeto puede insertarse y reinsertarse varias veces en la sociedad
como lo plantea Zemelman.(Lenguaje y producción del conocimiento en el
pensamiento crítico 2010). Los resultados de esta evaluación serán usados para
determinar planes de mejoramiento que puedan utilizarse para el fortalecimiento
de los currículos (Ministerio de Educación Nacional, 2006) pero también del sujeto. Así, las competencias
y sus estándares, definidos a partir de un “saber hacer”, son la guía
fundamental no solo para el diseño de currículos, de los proyectos escolares y
del trabajo pedagógico en el aula, sino también para la evaluación
institucional local y nacional de tales currículos y proyectos. Es por esta
razón que la evaluación es tan importante, pues ella se encuentra en el corazón
mismo del circuito que termina con el mejoramiento de los currículos ya que los
influye de manera transversal y provee criterios para evaluar la pertinencia
del currículo en su totalidad (Salas, s.f.).
Las competencias desde un punto de vista filosófico:
Foucault y el conocimiento de sí mismo
Desde el punto de vista filosófico la filosofía tradicional de corte
aristotélico tomista define la competencia a partir de la noción de potencia.
La potencia es un “poder para ejercer una
transformación en un objeto o disposición para poder llegar a ser algo”
(Arias, 2009, p.67). La potencia es
vista no sólo como la capacidad de hacer algo, sino también como la capacidad
para llegar a ser otra cosa a través de lo que ya uno es. La filosofía parte de
una consideración de la esencia humana y a partir de allí muestra la conducta
del ser humano como el desarrollo de una potencialidad que es fruto de esa
esencia. Desde esta perspectiva, la potencia es vista como un ámbito donde la
autonomía del sujeto se desarrolla en el tiempo. La competencia entonces da
fruto a un tipo de autoconocimiento esencial que permite el desarrollo de
capacidades para la mejor comprensión de sí mismo y del entorno.
Sin embargo, la tendencia filosófica
se puede evaluar de manera diferente a la que hemos visto. La filosofía
aristotélico-tomista tiene una importancia que es imposible de negar, pero desde
entonces han aparecido otras filosofías y es posible que estas tengan otras
riquezas que sirvan de aporte a la discusión de las competencias. De la misma
forma, parte de una idea del ser humano a partir de una esencia y por eso mismo
parece ya predefinir sus potencialidades. Por último, la concepción de
conocimiento de uno mismo predetermina cierto tipo de relación del hombre
consigo mismo, una relación que enmascara otras relaciones entre el yo y sí
mismo que evaden consideraciones intelectuales y se presentan más con la
riqueza de lo ético y existencial.
Para entender esto es importante hacer
una evaluación crítica de la noción de conocimiento de uno mismo, que es la
idea fundamental de la noción de competencia entendida filosóficamente, a
partir de las reflexiones que Michel Foucault elaboró en sus cursos en el
colegio de Francia entre 1981 y 1982. Estas reflexiones nos servirán para hacer
una evaluación crítica de las tendencias educativas y de la preponderancia del
saber cómo en la definición de competencia.
Con el conocimiento de uno mismo se
busca una relación del hombre consigo mismo basada en el autocontrol y la
autorregulación (Arias, 2009). Esta relación se ha acentuado sobre todo con el
cristianismo y la noción platónica de conocimiento (Foucault, 1994, p. 26). Sin embargo, según Foucault, la idea de
conocerse a sí mismo es un simple caso particular de un concepto mucho más
amplio que ha sido entendida en la actualidad solamente a través de su caso
particular. Este concepto es según Foucault el concepto de cuidado “epimeleia” (Foucault, 1994, p. 33).
Cuidarse a uno mismo “epimeleia sui”
siempre acompaña, en la antigüedad griega al consejo del oráculo de Delfos:
cuídate a ti mismo. Existen múltiples maneras
de entender el cuidado de sí mismo, pero fundamentalmente Foucault
entiende por cuidarse a sí mismo el cuidado de su alma. El alma entendida en lo
general, como aquello que diferencia a un ser humano de otros. Desde esta
perspectiva por ejemplo el médico que se cura a sí mismo no es un caso de
cuidado de sí, pues éste se preocupa de su cuerpo, no de sí mismo (Foucault,
1994, p. 48).
Los conceptos de autoconocimiento y
autocuidado remiten a su vez a una concepción de la actividad pedagógica en
tanto regulan el acceso del sujeto a la verdad (Foucault, 1994). Pero también,
como bien afirma Foucault, esta idea del cuidado de sí apunta necesariamente a
una relación pedagógica esencial que es importante analizar:
No existe preocupación por uno mismo sin la
presencia de un maestro, pero lo que define la posición del maestro es que
aquello de lo que él se ocupa es precisamente el cuidado que pueda tener sobre
sí mismo aquel a quien él sirve de guía. El maestro es quien se cuida del
cuidado del sujeto respecto a sí mismo y quien encuentra en el amor que tiene
por su discípulo la posibilidad de-ocuparse del cuidado que el discípulo tiene
de sí mismo. Al amar de forma desinteresada al joven discípulo, el maest es el
principio y el modelo del cuidado de uno mismo que el joven debe de tener de sí
en tanto que sujeto (p. 49).
Esta maravillosa cita resume toda una
filosofía de la pedagogía apoyada en la idea de cuidado de sí. La labor del
maestro es ofrecerle al alumno los medios de encontrase a sí mismo por medio
del cuidado de sí mismo. El concepto fundamental no es el de “saber qué”, ni el
de “saber cómo”, sino el del amor, amor a sí mismo y al conocimiento.
Amor a sí mismo no debe entenderse
como una forma de egoísmo o interés individual, todo lo contrario, cuidar de
uno mismo es imposible sin el cuidar de los otros. El cuidado de sí implica:
…relaciones complejas
con los otros, en la medida en que este ethos
de la libertad es también una manera de ocuparse de los otros... Nos
encontramos así también con el arte de gobernar. El ethos implica también una relación para con los otros, en la medida
en que el cuidado de sí convierte a quien lo posee en alguien capaz de ocupar
en la ciudad, en la comunidad o en las relaciones interindividuales el lugar
que conviene -ya sea para ejercer una magistratura o para establecer
relaciones de amistad-- Y, además, el cuidado de sí implica también una
relación con el otro en la medida que, para ocuparse bien de sí, es preciso
escuchar las lecciones de un maestro, uno tiene necesidad de un guía, de un
consejero, de un amigo, de alguien que nos diga la verdad. De este modo el
problema de las relaciones con los demás está presente a lo largo de todo este
desarrollo del cuidado de sí (Foucault,
1994, p. 116.)
Esto nos
permite también entender el concepto de cuidado de sí también conectado a un
contexto cultural, económico y político. El que cuida de sí mismo sabe cuáles
son sus deberes. Sin embargo, se conecta con sus deberes en la medida en que
cuida su propio yo y su individualidad.
Las competencias en perspectiva crítica
La pregunta sigue siendo la misma
desde el principio “¿Qué tipo de ser
humano y profesional pretendemos formar, en un contexto cambiante?” (Arias,
2009, .p.70). Y es un error pensar que cada tendencia que interpreta las
competencias es neutral con respecto a la manera cómo se ve el ser humano. Por
ejemplo, la tendencia económica política ve al ser humano desde el punto de
vista del darwinismo social, como un medio para la consecución de fines
económicos, como “una pieza más del
engranaje económico y social” (Arias, 2009, p. 71). Si pensamos en este
hecho, se nos hace difícil pensar en que concepciones diferentes de la persona
puedan conciliarse hasta el punto que una pueda servir de contrapeso a la otra.
Es cierto que desde la perspectiva del maestro el objetivo es buscar una mirada
integral y que desde ese punto de vista el maestro debe atender a tanto a las
exigencias políticas educativas como a la vida misma de los estudiantes y su
individualidad. Pero ¿qué hacer cuando estas dos cosas entran en conflicto,
cuando las exigencias políticas educativas tienen como propósito, como parece
en Colombia, integrar a los seres humanos en un ámbito laboral productivo sin
atender a sus necesidades individuales?
Lo que yo quisiera ver en el concepto
de cuidarse a sí mismo que expuse usando la filosofía de Foucault es una idea
general que nos obliga a reconocer un ámbito del ser humano que va más allá de
cualquier saber y cualquier destreza práctica. Lo más importante en este ámbito
no es una esencia predefinida de ser humano, sino el hecho general que el ser
humanos construye su propia esencia a partir del respeto a su individualidad.
Para este propósito la autorreflexión no debe entenderse como autorregulación a
partir de estándares y criterios preconcebidos sino como una exploración del
individuo y sus capacidades más allá de su contexto socio económico. Desde este
punto de vista, la noción de cuidado de sí va más allá de la homogeneización de
los sujetos provocada por currículos que atienden a criterios del mercado. La
tendencia económica desde este punto de vista parece seguir la idea de la
relación entre sujeto y verdad ofrecida por el cristianismo que hacía necesario
la renuncia del sujeto a sí mismo para alcanzar la verdad (Foucault, 1994, p. 90).
En cambio, esta idea de una pedagogía
basada en la comprensión de las competencias a partir del cuidado de sí, tiene
como consecuencia que no necesariamente debe haber una renuncia a sí mismo en
el sentido de autorregulación, sino que el propósito es generar en la y el
sujeto un amor hacia su propio yo y hacia el conocimiento que desea adquirir.
En caso contrario estaríamos promoviendo una nueva forma de esclavismo que tiene
como propósito el trabajo básico. Pues educar es también educar para gobernar,
para el gobierno de sí mismos y de los otros (Foucault, 1994, p. 116).
La labor de los currículos entonces
debería apuntar hacia el ser de las personas, que la persona logre alcanzar su
ser, que logre desarrollar su creatividad y sus potencialidades para que así él pueda empoderarse de su futuro, no
atender pasivamente al futuro impuesto por el mercado. Esto no es ir en contra
de las realidades económicas ni es olvidar las tendencias que hacen énfasis en
el “saber qué” y en el “saber hacer”. Lo que implica es simplemente organizar
estos conceptos a partir de la reflexión sobre la individualidad del sujeto y
el cuidado de sí en tanto idea rectora del concepto de competencia. Crear
currículos a partir de este concepto de competencia implica asegurarse que los
contenidos no sólo deben enseñar a hacer sino que deben inspirar y generar amor
por el conocer. Este es un aspecto que no tiene en cuenta ni los currículos, ni
los criterios de las competencias ni su evaluación. Algo que ha sido olvidado
por las urgencias de nuestro mundo globalizado, y es algo que los maestros
tenemos la responsabilidad de rescatar más allá de un discurso institucional
vacío que pretende enmascarar una realidad distinta.
Conclusión
La perspectiva presentada sobre la noción
de o sus tendencias parte de un ideal de educación que requiere que sea pensado
y hecho realidad, a través de la práctica educativa y a través de una
concepción amplia del concepto rector de competencia. Antes que rechazar el
concepto por estar vinculado con intereses productivos, el propósito fue
abordar una de sus dimensiones y mostrar que el “cuidado de sí mismo” no reduce
el concepto a puro conocimiento (ya sea de sí o de una cosa) o a un saber hacer
productivo. Entender la idea de cuidar de sí mismo, con el apoyo del maestro(a)
y la escuela, contribuye a recuperar la idea de educación y del conocimiento
como una forma de amor a sí mismo, al saber, a los otros, y a la sociedad.
Referencias
Arias, N. (2009). Tendencias en la concepción de competencia, en la educación
superior: una respuesta al interrogante. ¿Qué tipo de
ser humano se pretende formar?. En Revista Educación y Desarrollo Social.
Vol. 3. No 2
Foucault,
M (1994). Hermenéutica del sujeto. Madrid: Endimión.
Ministerio de Educación Nacional de Colombia (2005).
Competencias y reformas en la Educación
Superior. En Boletín No. 5. Octubre-diciembre. Recuperado de http://menweb.mineducacion.gov.co/educacion_superior/numero_05/0001.htm.
Miinisterio de Educación Nacional de Colombia (2006).
Documento sobre Estándares Básicos de Competencias. Recuperado de www.mineducacion.gov.co/1621/articles-116042_archivo_pdf.pdf.
Ruiz, S. (2004) En
torno al concepto chosmkyano de competencia. Recuperado de http://www.uia.mx/campus/publicaciones/altertexto/pdf/3ruiz.pdf.
Salas,
W. (s.f.). Formación por competencias en
educación superior. Una aproximación conceptual
a propósito del caso colombiano. Recuperado de http://www.rieoei.org/deloslectores/1036Salas.PDF.
Zemelman,H(2010)
Lenguaje y producción de conocimiento en el pensamiento crítico.Mexico DF.
Cerezo Editores.
[1] Artículo de revisión de tema
que analiza el concepto de competencia desde la perspectiva del “cuidado de sí
mismo”, expuesto por Michel Foucault.
[2] Traducción latina de la Inscripción que los antiguos griegos
encontraban en la entrada del oráculo de Delfos.
[3] Universidad de San
Buenaventura, Cartagena